Poéticas que armar

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Poéticas que armar nos interpela en la arena, en el espacio entre agua y tierra, en la zona que es los dos y no es ninguno. Es un libro de bisagras y umbrales, lectura y escritura, verso y prosa, poesía y ensayo, imagen y palabra, literatura y teoría, cuerpo y libro, archipiélagos de más acá y de más allá, Palés y Walcott, Burgos y Robles, Rebollo-Gil y Ochart, Georas y Lima. Áurea María Sotomayor se escabulle cimarrona para regalarnos un coro otro, compuesto por textos y figuras harto conocidas –pero, gracias a su ojo, ahora relucientes– y textos y figuras de décadas recientes, desde los Puerto Ricos y Caribes que nos duelen y nos salvan.

La convicción que hace posible la hazaña de este libro, que vuelve más otra, más bella y más vital la serie Otra crítica de EEE, es el cuerpo: “Al leer un texto, el que sea, mi primer gesto es buscar el cuerpo. Trato de identificar el sitio desde donde se escribe, […] el tono que lo sostiene, la temperatura que lo rodea, el delirio, el agotamiento, el gozo, el trauma […]. La interdisciplinariedad, la transdisciplinariedad, digamos también la transcorporalidad, transmigra de ser en ser, de compás en compás, de una pierna a la otra, de una mano a la otra. En ese “mano a mano,” hay un espacio de flotación, el espacio entre-poblado por los dos. […] el cuerpo tiene que hacerle sitio; […] es el espacio de la libertad.” De ahí que el resultado sea, además de una apasionada celebración de la mezcla y sus potencias, una enérgica defensa de nuestras escrituras, imágenes, cuerpos e historias. Después de Poéticas que armar, es imposible caminar de espalda a nuestros archipiélagos buscando arte “verdadero” en otra parte, a no ser que la espalda sea, con Anzaldúa, nuestro puente.

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